Polémica MQ vs AVACH Artículo 1

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A 33 AÑOS DE LA POLÉMICA SOBRE LA MÚSICA ANDINA ENTRE AMÉRICO VALENCIA CHACÓN Y ROBERTO MIRÓ QUESADA

La polémica sobre la música andina entre Américo Valencia Chacón y Roberto Miró Quesada que tuvo lugar en el diario La República entre junio y agosto de 1984 fue extensamente comentada en la época. A pesar de haber transcurrido 33 años, los conceptos que se vierten en ella están, como se podrá comprobar, aún vigentes y cobran actualidad en estos tiempos en que a pesar del aparente triunfo de la ideología hegemónica del capitalismo neoliberal, comienzan a soplan vientos de reivindicación de lo nacional y la lucha por nuestra identidad. Roberto Miró Quesada, distinguido intelectual de izquierda y comentarista del diario La República ya fallecido, inició la polémica a raíz del artículo crítico de Valencia que publicamos a continuación. Próximamente, continuaremos publicando la serie completa de cinco artículos que conforman esta trascendental polémica.

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Diario la República, página 11.
Sábado, 23 de junio de 1984

Polémica

Música peruana experimental ¿una realidad?

Escribe Américo Valencia Chacón

En el auditorio del Banco Central de Reserva se está llevando a cabo las experiencias de música concreta-electrónica de Arturo Ruiz del Pozo con el rótulo de “Composiciones Nativas”.

La música concreta (grabación de sonidos y ruidos diversos para utilizarlos como elementos de composición) fue un acontecimiento musical del primer mundo que hace ya varios años pasó de moda; pero, puede parecer novedad a algunos círculos de diletantes citadinos, sobre todo con la inclusión de la música electrónica basada en los modernos sintetizadores y órganos electrónicos, y algunos efectos de video.

Con el explicable retraso que existe siempre de las capitales a las provincias, no está mal que estas demostraciones se realicen para la especial satisfacción de los admiradores de las modas y acontecimientos culturales foráneos. Tampoco se puede negar que algunos efectos y sonoridades trabajadas con anterioridad en un estudio de música electrónica y reproducción en el auditorio y en el cassette que Ruiz del Pozo tiene grabado, sean interesantes por sus extrañas características, logradas mediante las nuevas técnicas de la ingeniería de audio y la síntesis musical. La inclusión del video que trata de complementar el universo sonoro, a pesar de su falta de sincronización, es también un esfuerzo destacable del músico por mostrar al público esta posibilidad de amalgama.

Pero pretender hacer música dizque experimental peruana nativa, introduciendo, por ejemplo, dentro de un contexto de moldes y principios estocásticos, un huayno de corte altiplánico con su armonía tradicional inserta, es indudablemente, por decir lo menos, un despropósito: dos universos distintos artificialmente ensamblados; a más de la deficiente e inapropiada interpretación del huayno en el órgano electrónico. Ya anteriormente (el año pasado), el músico que nos ocupa conformó un grupo musical denominado Nocturno, que realizó varios “Conciertos de Música Peruana Contemporánea” con similares despropósito; en los que lo más notorio fue la distorsión que se hizo del siku bipolar-colectivo altiplánico, trocando su ancestral técnica dual en pobre técnica individual.

En fin, no es mi intención hacer de este corto artículo una exhaustiva crítica musical de los experimentos de Ruiz del Pozo, y posteriormente, me referiré in extenso a la distorsión mencionada del siku. Sólo quiero no dejar de puntualizar a propósito del evento, lo siguiente: A pesar de su nombre y de los instrumentos nativos que según se anuncia, han sido utilizados para lograr sonidos primarios del procesado electrónico, la música aleatoria-electrónica-concreta experimental que tratamos no tiene ningún sustento social-cultural dentro del proceso de la música peruana en general, menos, en el desarrollo de la música andina. Así, esta música experimental tampoco tiene nada que ver con la real música experimental que viene del ande.

La música de proyección universal -experimental o no-, contemporánea, de escuela, peruana, andina, está por hacerse todavía; ésta recién vendrá cuando sus auténticos músicos populares tengan la oportunidad de estudiar en las escuelas de música del país, y de tecnificarse; sólo de tecnificarse, no de adquirir idiosincrasias ajenas. (Para esto, desde luego, se requiere de un proceso de democratización de las escuelas musicales, y de su liberación de las ataduras coloniales que las liga al arte occidental). Y a no dudarlo, esta música incluso utilizará, junto a los sikus bipolares, quenas, charangos, y demás instrumentos andinos, los modernos sintetizadores polifónicos computarizados, y en general, toda la electrónica e informática aplicada a la música. Pero guiados por cerebros de intuiciones musicales distintas a los de los espíritus que, a pesar de haber nacido en el Perú, llevan sólo dentro el jazz y el rock. Los músicos andinos del futuro harán música experimental de alta escuela, sí; pero, acorde a la idiosincrasia musical mestiza, con profundas raíces aymaras y quechuas. Y esto no está muy lejano; ya el pueblo y la cultura andina han empezado a girar la rueda de la historia.

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