Polémica MQ vs AVACH Artículo 2

 

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Diario la República, página 11.

Martes, 3 de julio de 1984

 Polémica

El intolerable camino de la integración

 Escribe Roberto Miró Quesada

 El capitalismo ha alcanzado en nuestros días una hegemonía universal de tales proporciones, como quizá ningún otro sistema en la historia. Ha avasallado todo aquello que le era extraño, y las culturas no occidentales del mundo han debido pagar un tributo muy grande para seguir subsistiendo. Este drama lo conocemos muy bien en el Perú, donde lo occidental entró tan tempranamente como el siglo XVI a través de España; y ese mismo occidente sigue enseñoreándose aquí esta vez vía Estados Unidos. Los peruanos vivimos esta realidad, pues, por cinco siglos, y las discusiones de cómo superar esta situación aún subsisten. De lo que se trata es de conformar una nacionalidad. Para algunos esta deberá partir de la cultura andina, ancestral en estas tierras y aún vigente. Para otros el modelo es occidente. Y está el mestizaje, por supuesto. Y están, sobre todo, los hechos innegables y las realidades contundentes (al margen de que nos gusten o no).

Estas tierras estuvieron alguna vez en manos de la cultura andina, siendo injusta e ignominiosamente despojados por la cultura occidental; esta es una verdad indiscutible. Pero también es una verdad innegable que hoy en día no sólo hay andinos en estas tierras, sino también gentes que provienen de la tradición occidental. Ambas verdades son, creo, igualmente dignas de ser tomadas en cuenta. Apoyar algún proyecto integracionista en una sola de estas instancias no sería correcto. Integrarnos debería significar que todos aquellos que nacimos en este territorio podemos vivir nuestra propia opción cultural en igualdad de condiciones, tomando y dando lo mejor de ambas orillas. A lo mejor esta actitud produce una síntesis que no se ubica en ninguna de las dos orillas, sino en otra parte, a lo mejor no. Y no creo que esto sea lo fundamental. Lo que importa es la tolerancia y el respeto mutuo.

Por eso no estoy de acuerdo con el señor Américo Valencia Chacón cuando sostiene (La República, 23 de junio de 1984), a propósito de la música de Arturo Ruiz del Pozo, “que la música aleatoria electrónica-concreta experimental que tratamos no tiene ningún sustento socio-cultural dentro del proceso de la música peruana en general, menos en el desarrollo de la música andina. Así, esta música experimental tampoco tienen nada que ver con la real música experimental que viene del ande”. La pregunta es obvia: ¿cuál es el proceso de la música peruana en general? La puramente indígena no existe, si con esto se quiere entender ausencia de mezcla o influencia foránea. Creo que muy difícilmente se podrá encontrar en el ande música donde no haya elementos occidentales (españoles, y a través de España del resto de Europa). Quizá se puedan detectar los elementos prehispánicos, y me pregunto si eso es lo que el señor Valencia entiende como válido. La presencia hispánica, nos guste o no, no puede ser dejada de lado porque ya forma parte de nuestra idiosincrasia. De lo que se trata es de decantar influencias. Y si la influencia occidental es aceptada a través de España, no veo por qué no a través de Estados Unidos.

El Señor Valencia reduce lo peruano a lo andino (lo dice en su artículo), en una postura indigenista que no comparto y que revive, a la inversa, discriminaciones que debieran estar fuera de programa. Dice que los músicos andinos del futuro harán música experimental de alta escuela. Ojalá así sea. ¿Pero que tiene esto que ver con los experimentos de Ruiz del Pozo. ¿Por qué le incomoda que Arturo Ruiz se inspire en sonidos andinos? No he conversado con Ruiz a este respecto –no tengo el gusto de conocerlo- pero no creo que se arrogue la exclusividad de la música experimental andina. Es más: no creo que Arturo Ruiz piense que está haciendo música andina. Como individuo que ha nacido en estas tierras llamadas Perú, se inspira en uno de los elementos culturales que le son constitutivos. Eso es todo. El experimento puede o no gustarle al señor Valencia, pero eso no significa que lo condene.

 

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